Fuego

La Cremà

En contraposición a la “Plantà”, que marca el inicio real de la fiesta fallera en la calle, la “Cremà” señala su fin.

Es, tal vez, el acto más popular a nivel internacional y el que da plenamente sentido al concepto “fiesta de las fallas”: los monumentos se exhiben en la calle para ser quemados. Esa es su finalidad y, a la vez, su grandeza. La madrugada del 19 al 20 de marzo, enormes teas gigantes flamean por toda la ciudad.
Los excelsos monumentos que pocas horas antes lucían vanidosos en las calles y plazas, quedan reducidos a cenizas ante el clamor de centenares de personas que asisten al ritual.

Simbólicamente, los falleros lanzan a una pira encendida todo aquello que representa lo superfluo, nocivo o, simplemente, inservible y, con ello, se plantean un nuevo comienzo, una “regeneración” del espíritu. Es el objetivo que desde la antigüedad siempre ha presidido este estilo de rito pagano.

Además, la “cremà” és un espectáculo visual que permite cumplir con la tradición para poder empezar un nuevo ejercicio fallero que, eso sí, siempre aspira a mejorar el anterior.

La Cabalgata del Fuego

Espectacular cabalgata que, el día 19, recorre una de las principales vías de la ciudad y que representa una apoteósica exaltación del fuego.
El fuego es, simbólicamente, el espíritu de la fiesta, su destino final. Así que, en este desfile, se exhiben los más variados ritos y espectáculos de la cultura festiva valenciana.
Se trata de un festejo lleno de color y ruido, con carrozas, mecanismos gigantes, gente disfrazada, cohetes, pólvora, animación callejera, música… Todo ello al anochecer, cuando se acerca la hora de que los Ninots sucumban devorados por las llamas.

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